Mi historia puede no ser la más increíble, pero a veces la realidad supera la ficción.

Soy Karem Calderón.

Desde los 4 años sufrí de sobrepeso (y todo lo que con él venía incluido).

Fui juzgada por mi apariencia,

fui subestimada (porque aparentemente la que no estaba “buena” no tenía opinión ni pensamientos),

fui mofada por gente que ni me conocía,

fui manipulada porque creí que dejándome, así la gente me querría,

fui engañada por una industria que no quería verme mejorar,

fui lastimada por personas a las que no les importaba…

…y también fui lastimada por personas a las que les importaba mucho.

Y, finalmente, fui lastimada por MÍ MISMA durante AÑOS.

Ese es mi caso… y quiero contarte por qué creé EAT FOOD SHARE LOVE para ayudarte a TI a que NUNCA TE SIENTAS como yo me sentí durante esos años.

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Mi origen

Mis primeros 23 años los pasé en mi país: Venezuela.

Provengo de una familia sencilla, más bien afortunada, donde nunca me faltó nada de lo que necesité: tenía un techo, tenía una familia que me amaba (VAYA SÍ ME AMAN), tuve una buena educación, tuve seguridad y tuve personas maravillosas a mi lado que me hicieron forjarme fuertes principios morales. Quizá lo único con lo que mi familia no podía ayudarme (puede que forme parte de mi personalidad), era en mi autoestima.

Desde que mi primer nutricionista le comunicó a mi madre que tenía sobrepeso, empezaron las dietas. Desde que tengo memoria, la comida rica era un premio que debía ganarme a pulso porque el resto del tiempo debía contarlo y/o quemarlo con ejercicio físico para poder merecerlo. Comer era el mejor momento del día, porque la comida de por sí estaba llena de limitaciones para mí, e intentaba por todos los medios aferrarme a las sensaciones deliciosas que esta me proporcionaba. Por ende, mientras más me limitaban la comida en mi infancia, más usaban lo siguiente para “premiarme” cuando hacía algo bien:

– Hoy te voy a hacer tal postre porque sacaste buenas notas.

– Hoy puedes comerte esto o aquello porque hiciste mucho ejercicio.

– Vamos a celebrar llevándote a comer toda esa comida que no puedes durante la semana.

Como resultado, desarrollé síntomas de adicción. Comía a escondidas (el miedo a lo prohibido), luego sentía culpa de haber comido, me mataba haciendo ejercicio, me saltaba comidas y luego me metía atracones porque REALMENTE tenía hambre… y luego llegaban los comentarios “castigo”:

– ¿Qué pasó? ¿Por qué perdiste el control?

– Pero si te vas a desatar comiendo, mejor no comas nada.

– No te pases que vas a dejar de ser bonita.

Fuera a donde fuera, sentía que la gente me juzgaba por lo que comía o dejaba de comer. Tanto así, que incluso cuando no lo hacían, yo lo sentía así. Mi mente empezó a engañarme, la culpa no se apartaba de mí, y me obsesioné con contar calorías, con hacer ejercicio más de dos veces al día, usar laxantes, no salir para no tener que comer fuera, lloraba en mi cuarto todas las noches después de cenar porque sentía que comía mucho más que los demás… Y TODO ESTO DURANTE LOS PRIMEROS 10 AÑOS DE VIDA.

 

 

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Mi cambio

Primero que todo: mi realidad de vida cambió.

Venezuela entró en una crisis alimentaria sin precedentes. Tanto así que mi hasta entonces “cómodo” estilo de vida se vio modificado por fuerza. Comer sano era muy costoso. Y luego… comer (sano o no) ya era costoso también.

Irónicamente, lo que se priorizaba era la típica alimentación latina: harinas. Vamos, si antes la arepa era un símbolo cultural inamovible, rechazar comerte una ahora era un PECADO y una INGRATITUD por tu parte. Por ende, si en mi casa se compraba entre todos para poder comer… se comía LO QUE HUBIERA, y nada de que uno comiera diferente por requerimientos especiales. Al menos hasta que pudiera uno costearse por sí mismo su alimentación.

Segundo cambio: Mi migración.

Fui de las bendecidas (nunca paro de agradecerlo), pues no todos los venezolanos logran salir de su país. Mis circunstancias personales me dieron muchas oportunidades que aproveché y emigré a España. Tenía 23, un trabajo, y al fin me estaba independizando económicamente. Dije: QUIERO APRENDER A COMER.

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Lo que me diferencia

Una cosa que debes saber de mí: AMO LEER.

Lo adoro porque soy una máquina insaciable de conocimientos y de aprendizaje. Me dispuse a estudiar dietética y nutrición y no he parado desde entonces.

Así, emprendí el viaje interno. Gracias a mis estudios comprendí que nunca había sido mi culpa, sino que mi cuerpo quizá necestaba un enfoque diferente. Yo comía azúcar A TODA HORA, y debía aprender a no depender de él para ser feliz. Empecé a dejar el conteo de calorías (UFFF, CUÁNTO ME COSTÓ). Empecé a comer más grasas, a limitar un poco los carbohidratos, a practicar períodos cortos y naturales de ayuno intermitente… y fui notando… que me sentía muy bien.

¡WOW! pensé… todo estaba EN LO QUE ME ESTABA METIENDO EN LA BOCA TODO ESTE TIEMPO: medicinas, pastillas mágicas, alimentos light, procesados, barritas, bebidas… todo lo que querían que comprara para dejar de sentir hambre, CUANDO LA RESPUESTA ERA COMER COMIDA DE VERDAD.

Había aprendido mi lección: la comida no era mi enemiga, era mi combustible… era mi materia prima, y yo merecía quererme sin depender de ella, debía amarme primero, y luego usar mi combustible para ser una mujer FUNCIONAL, INDEPENDIENTE, LIBRE. Y feliz…

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Mi lema ahora es...

En todos mis videos, escritos, clases (sí, con mis estudios ahora estoy capacitada para incluso dictar clases), digo lo mismo:

“Que la comida sea el ingrediente secreto de la receta de tu felicidad”

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Mi sueño ahora es...

Desde que Eat Food Share Love nació, el objetivo me quedó muy claro: tener mi propia consulta online para poder ayudar a las personas con problemas en su alimentación a sanar y a sentirse mejor consigo mismos.

Incluso me estoy preparando para ser terapeuta nutricional con un enfoque especial en la PSICONUTRICIÓN. ¿Muy cool, eh?

 

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El secreto

Gracias a las redes sociales como Instagram o Youtube, logré hacerme un nombre entre mis potenciales clientes, pero lo mejor de todo es que estoy haciendo algo que me apasiona. Mi canal me permitió mostrarme tal cual como soy, y los posts y directos en Instagram (los cuales hago cada sábado a las 19:30, hora de España) me permiten comunicarme semanalmente con las personas que no saben a quién acudir sobre sus dudas de nutrición.

Estas plataformas me han permitido conectar con personas de todo el mundo, hemos construido la confianza en tan solo 1 año de generación de contenidos semanales.

Así como la nutrición hizo maravillas por mi salud y por mi propio emprendimiento, te garantizo que a ti también te ayudará a alcanzar tus objetivos.

Ahora es tu turno de tomar acción ¿Estás listo para aprender a comer?

¡Yo puedo ayudarte a sacar la mejor versión de ti mismo!

 

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